Archivos Mensuales: febrero 2015

Los cartagineses I: Cartago.

Al contrario que Roma, Cartago -heredera de los fenicios- ya había conocido su época de máximo esplendor a finales del s. III a. C. Dominadora del mar gracias a su gran flota, se había expandido por el Mediterráneo occidental, había explorado las costas de la Península Ibérica, la Galia y el sur de Britania, se había apoderado del norte de África hasta las columnas de Hércules -sometiendo a los númidas y a los mauritanos- y de las ricas regiones del sur y sureste de Iberia, explotando sus magníficos recursos y creciendo en poder. Se había asegurado el dominio de las tribus iberas (desde los edetanos a los turdetanos) capturando rehenes entre los cabecillas y reyezuelos de estas tribus.

Siempre tuvo como enemigos a los griegos, a quienes venció en una batalla naval rente a las costas de Córcega, y a los sicilianos, con quienes estuvo peleando durante trescientos años.

Sin embargo, Cartago terminó encontrándose con Roma. Algunas ciudades sicilianas, temerosas del poder de Cartago y cansadas de enfrentarse a la flota púnica, llamaron a Roma para que les protegiese de los cartagineses, y los problemas no tardaron en llegar.

La ciudad de Cartago era espléndida. Situada en la península de Byrsa, al norte de la actual Túnez, estaba rodeada de altas murallas y era prácticamente inexpugnable. Según Apiano, Cartago estaba rodeado por una triple muralla de cerca de 15 metros de altura y 10 de anchura, con torres de cuatro plantas cada 60 metros. Dentro de ella había establos para 300 elefantes y 4000 caballos, y alojamientos para 24.000 soldados. En la ilustración del gran Peter Connolly (Aníbal y los enemigos de Roma, Espasa Calpe, S. A. 1981) podemos ver la península de Cartago. La línea W – W es la muralla que atraviesa el istmo, y la línea roja discontinua señala aproximadamente la línea de la costa en el s. II a. C. Los dos puertes están señalados por H.

Cartago

El promontorio de Cartago (Peter Connolly).

Cartago poseía dos puertos magníficos, uno civil (rectangular) y otro militar. Este último era una maravilla de la ingeniería; según Apiano, y como podemos ver en la otra imagen de Peter Connolly, tenía forma circular con una pequeña isla en el centro en la que se encontraba la sede del almirantazgo. En él podían atracar 220 barcos de guerra.

Puerto Cartago 01

Reconstrucción de los puertos de Cartago (Peter Connolly).

El puerto mercantil podía cerrarse con cadenas de hierro. Para acceder al puerto militar había que pasar por el comercial, a través de un canal que comunicaba ambos.

 

Los romanos I: La República.

La Roma de la Segunda Guerra Púnica -finales del s. III a. C. a principios del s. II a. C.- no era la ciudad cuya grandeza se ha transmitido hasta nuestros días. Ni siquiera era la Roma de César y mucho menos la de Augusto. No existían aún el Coliseo, el Foro de César, el de Augusto, el Ara Pacis… Roma era una potencia emergente que mantenía cierta hegemonía en Italia gracias a una red de alianzas con los otros pueblos italianos. Por supuesto, el territorio de la República no era, ni mucho menos, el que llegaría a dominar siglos más tarde con el Imperio. En aquel momento, debido a la guerra contra Cartago y, sobre todo, a la presencia de Aníbal Barca y su ejército en Italia, Roma apenas controlaba la Italia central y del sur, Corsica (Córcega), Sardinia (Cerdeña), parte de Sicilia, parte de la costa del sur de la Galia y, en la Península Ibérica, había tenido que retirarse al norte del río Iber (Ebro).

El Mediterraneo Occidental en 210 a. C.

El Mediterráneo Occidental en el año 210 a. C.

Cómo no, el centro de esta emergente República era Roma. La ciudad de Roma apenas había sobrepasado aún la antigua muralla Serviana, que había mandado construir el rey Servio Tulio en el s. VI a. C. Incluso el Campo de Marte, en el exterior de las murallas, estaba excluido en esa época del recinto de la ciudad. También lo estaban el Aventino, el Capitolino y el Arx (la ciudadela). La leyenda decía que el mismo Servio Tulio había creado el pomerium, el recinto sagrado de Roma, aunque no es probable, ya que esta frontera sagrada no seguía exactamente la línea de la muralla; no podía traspasar esta línea -de color rojo en el plano adjunto- nadie que estuviera armado. Los magistrados con imperium no podían condenar a muerte a ningún ciudadano dentro del recinto sagrado, aunque sí ordenar que fuese azotado. Incluso el templo de Bellona, la diosa original de la guerra para los romanos, se encontraba fuera del pomerium, y el Senado se reunía allí para hablar de guerra. Hasta las legiones que desfilaban en triunfo por las calles de la ciudad estaban obligadas a dejar sus armas fuera del recinto, en el Campo de Marte, donde solían acampar la noche anterior a dicho evento.

Así era en el año 210 a. C., aproximadamente, la ciudad que se enfrentaba a su enemigo irreconciliable, Cartago, por segunda vez en menos de cincuenta años.

Roma

Plano de Roma.

Los vacceos II: La sociedad vaccea.

Los vacceos eran un pueblo agrícola y ganadero. Los diferentes autores no se ponen de acuerdo tampoco en este punto. Unos afirman que su actividad principal era la agricultura; otros piensan que era la ganadería. Lo cierto es que ya practicaban la transhumancia, desplazando sus ganados a las tierras de los arévacos o de los vettones. Se dedicaban a la cría de ovejas, vacas y caballos. Sobre éstos últimos hablaremos en otra entrada. Cultivaban cereales, y practicaban una forma de colectivismo agrario que sorprendió a los escritores griegos y romanos por lo poco común. Por tanto, solían alimentarse de trigo, cebada e incluso bellotas. Además, utilizaron los cereales para comerciar con los pueblos vecinos (arévacos, vettones, carpetanos, astures…) a cambio de oro y metales.

Con respecto a su aspecto físico, tampoco se sabe mucho de ellos. Podemos suponer que, por tener procedencia celta, tendrían rasgos propios de ese grupo de pueblos; pero también es cierto que debieron mezclarse con los anteriores pobladores del valle del Duero, de los que sabemos aún menos que de los vacceos, aunque está claro que éstos mantuvieron su predominio sobre aquellos.

Estaban organizados en clases sociales; es probable que compaginasen sus labores agrícolas y ganaderas con la actividad guerrera. Existía una nobleza guerrera, pero las decisiones se tomaban en asambleas, aunque quienes decidían eran los miembros del consejo de ancianos. Sobre este punto, hay que señalar que cada ciudad era independiente, funcionando como una ciudad-estado, aunque es muy probable que todas las ciudades vacceas funcionasen como una federación que se uniese para afrontar peligros mayores que las habituales escaramuzas con los pueblos vecinos -astures, vettones, turmódigos…-. Tenían esclavos, habitualmente aquellos que contraían deudas y no podían pagarlas. También, aunque no se han encontrado evidencias de ello, debieron tener una casta sacerdotal que se encargase del culto a los dioses, de cuyo culto sí que existen evidencias.

Eran magníficos artesanos; existen en Castilla y León varios yacimientos que lo demuestran, como los de Pintia (Padilla de Duero) y el Soto de Medinilla. En ellos se han encontrado buena cantidad de útiles de cerámica y metal, así como joyas de oro y bronce. Por ejemplo, estos vasos de cerámica.

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Cerámica vaccea.

En la siguiente imagen, obtenida de la web Pintia vaccea, podéis ver una reconstrucción de lo que pudo ser una escena cotidiana vaccea.

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Escena cotidiana vaccea.

Los objetos en color son reconstrucciones de útiles hallados en los yacimientos de dicha localidad vallisoletana. En cuanto al aspecto y las ropas de los personajes, quiero pensar que tendrían un aspecto más céltico que los del grabado, pero eso es mi opinión personal.

Los vacceos I: El país de los vacceos.

Esta es la primera de una serie de entradas para que aquellos que os decidáis a leer Aro, el guerrero lobo os familiaricéis con el mundo en que probablemente vivieron Aro y los demás personajes de la obra. Lo haré desde un punto de vista informativo, sin adelantar absolutamente nada del argumento de la novela. No va a haber spoilers. Sólo pretendo que a través de imágenes y comentarios breves, os hagáis una idea de cómo eran la tierra de los vacceos, Roma, Cartago y el Mediterráneo Occidental en la época en que transcurre la obra; para que conozcáis cómo vestían, dónde vivían o qué comían los vacceos, cómo iban armados sus guerreros… En definitiva, todo aquello que pueda ayudaros a imaginar mejor a los personajes de la obra cuando estéis leyéndola.

En esta primera entrada y mediante el mapa adjunto, os presento el país de los vacceos. Se corresponde con la cuenca media del Duero, lo que actualmente es el centro de Castilla y León: toda la provincia de Valladolid y parte de las de Zamora, Salamanca, León, Palencia, Burgos, Ávila y Segovia.

El país de los vacceos.

El país de los vacceos.

Las fronteras de este territorio nunca fueron fijas; cambiaban de manera continua, dependiendo de la fortaleza de los vacceos o de sus vecinos. Pero de forma aproximada, el río Astura (Esla) era la frontera con los astures. En el norte, la frontera con los cántabros y turmódigos era una línea entre los ríos Astura, Pisorica (Pisuerga) y Arlanza a la altura de Viminatium (Sahagún) y Segisamo (Sasamón). La frontera del este con berones, pelendones y sus parientes los arévacos no estaba muy definida. Al sureste y sur, el Sistema Central constituía la frontera con los carpetanos y vettones. Y por fin, al suroeste, el límite con los vettones estaría alrededor del Tormes. Por ejemplo, se sabe que Helmántica (Salamanca) perteneció unas veces a los vettones y otras a los vacceos.

En cuanto a las ciudades (oppida), mientras que la ubicación de algunas de ellas -como Pallantia (Palencia) o Cauca (Coca)- se conoce con exactitud, los arqueólogos e historiadores aún no se ponen de acuerdo sobre dónde se situaron otras, como Albocela, Amallóbriga o Intercatia. Yo no soy historiador, sino escritor, y por ello me he permitido elegir entre las distintas ubicaciones candidatas a haber sido una ciudad vaccea (oppidum), para ambientar mi obra. Las ubicaciones que se muestran en el mapa corresponden a las que yo considero más probables y, por tanto, he elegido para Aro, el guerrero lobo.

El latido de Lucifer.

Hoy vengo a presentaros el blog “El latido de Lucifer“, de mi amigo, el escritor asturiano Juan Miguel Fernández. Juan es un amante del género de terror, fantástico y de la novela histórica.

En este blog encontraréis todo lo referente a la obra de Juan, que ya vio publicada su primera obra, titulada “El jardín impío”, en 2012. Es una novela cuyas páginas atrapan al lector desde el primer párrafo con su ritmo vibrante y la tensión que se desprende de ellas. Yo tuve la suerte de que el propio Juan me entregase el libro y me lo dedicase y, por supuesto, disfruté de la lectura de un género que no acostumbro a frecuentar.

La segunda novela de Juan, que sale en unos días, es “La huella del cazador”. Espero ser uno de los afortunados en tener mi ejemplar del libro firmado por el autor, porque estad seguros de que pienso comprarlo.

Os invito a que visitéis El latido de Lucifer y disfrutéis con la obra de ese gran autor que es Juan, que está dotado de un extraordinario talento y que dará mucho que hablar con su obra.

La toresana Diana Medina presenta su segunda novela.

Mi vida eterea

El próximo viernes 6 de febrero, a las 20:00 horas, la joven escritora toresana Diana Medina presenta su segunda novela, titulada “Mi vida etérea”. Será en el Salón de Actos de la Casa Municipal de Cultura de Toro. Diana, que publicó su opera prima, “Nueve Lunas”, en 2011, continua así con su brillante carrera literaria, con esta nueva obra que promete entusiasmar tanto al público como lo hizo la primera. Desde aquí deseo un gran éxito a Diana, tanto en la presentación del viernes como con sus obras literarias.