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Los vacceos IV: Los guerreros.

No es fácil explicar el tipo de armamento que utilizaban los vacceos, puesto que, por desgracia, no se han descubierto aún demasiados restos, pero sí los suficientes como para saber que su tipo de armamento no difería mucho del de sus vecinos, amigos y supuestos parientes, los arévacos.

Guerrero vacceo (pintiavaccea.com).

Guerrero vacceo (pintiavaccea.com).

Utilizaban lanzas largas de madera, con punta ancha en forma de hoja y regatón metálico. Los escudos podían ser de dos tipos. El primero de ellos, la caetra, era un escudo circular de madera, de entre 50 y 70 centímetros de diámetro, con un umbo central metálico que protegía el asa por el que el guerrero sujetaba la caetra. El segundo tipo, el típico escudo celta, ovalado, de unos 120 centímetros de largo y con una spina central que partía del umbo y recorría el escudo en vertical. En el centro, el umbo estaba recubierto por una pieza metálica, de hierro o bronce, que reforzaba la protección de la mano. Se solía pintar de colores llamativos y motivos geométricos, generalmente representando al sol.

Guerrero vacceo.

Guerrero vacceo.

La cota de malla, influencia de los galos, era un lujo que sólo podían permitirse los guerreros más ricos o los que la consiguieran como botín. Algunas de ellas contaban con una protección para los hombros. Por tanto, la mayoría de los guerreros combatían con unas pequeñas placas metálicas que les protegían el pecho, atadas al torso por correas de cuero, o bien vestidos simplemente con sus túnicas o desnudos; estos últimos lo hacían tratando de demostrar su valor al enemigo.

Los cascos, que también eran un lujo que pocos podían permitirse, a no ser que se lo quitasen a un enemigo caído, podían ser de hierro, bronce o mixtos, casi siempre del tipo Montefortino o de los modelos La Tène I y Hallstatt. Algunos de los guerreros prescindían de las protecciones para las mejillas.

Casco ceremonial de tipo Montefortino.

Casco ceremonial de tipo Montefortino.

Las espadas eran de antenas atrofiadas, de la misma longitud que el antebrazo de un hombre, y de doble filo. Eran influencia de las largas espadas galas, aunque de menor longitud y de punta más aguzada. Los galos solían utilizar el tajo; los vacceos y arévacos preferían la estocada. Se trataba de un arma de tanta calidad y tan efectiva, que los romanos, tras probarlas en sus propias carnes, decidieron adoptarla como arma “reglamentaria” y la llamaron gladius hispaniensis, para recordar la procedencia de tan magnífica arma. Los vacceos la llevaban dentro de una vaina de madera reforzada con piezas metálicas.

Espadas de antenas atrofiadas.

Espadas de antenas atrofiadas.

También usaban pequeños puñales de antenas de pequeña hoja triangular y los denominados puñales biglobulares, llamados así por finalizar su empuñadura en un disco y por tener otro engrosamiento con la misma forma en la mitad de la misma.

Puñal biglobular.

Puñal biglobular.

Según Diodoro Sículo, “Sus espadas tienen doble filo y están fabricadas con excelente hierro, también tienen puñales de un palmo de longitud. Siguen una práctica especial de fabricación de sus armas pues entierran láminas de hierro y las dejan así, hasta que con el curso del tiempo el óxido se ha comido las partes más débiles quedando solo las más resistentes (…). El arma fabricada de esta forma descrita corta todo lo que pueda encontrar en su camino, pues no hay escudo, casco o hueso que pueda resistir el golpe dada la extraordinaria calidad del hierro (..)” (Diodoro 5, 33).

Los cartagineses III: El ejército.

El ejército cartaginés que combatió contra las legiones romanas en la Segunda Guerra Púnica estaba formado por contingentes muy variados:

  • Infantería africana o libiofenicia. Reclutada en el norte de África, en las regiones cercanas a Cartago, constituía el núcleo del ejército cartaginés. Los soldados iban equipados al estilo de los hoplitas macedonios de la época, con casco de tipo tracio, coraza de cuero o lino prensado y grebas –espinilleras- de bronce en las piernas. Su equipo constaba de una lanza larga, del tipo de la sarissa macedonia, de entre 5 y 7 m de longitud que tenían que manejar con las dos manos, una espada de tipo griego y un escudo redondo de unos 60 cm de diámetro, que llevaban sujeto al brazo y colgado del cuello por una correa de cuero.
  • La Banda Sagrada. Se trataba de un grupo de jóvenes aristócratas de Cartago que formaban un selecto cuerpo de caballería y del que salían muchos de los oficiales que luego dirigían a las unidades del ejército cartaginés. Como todos los cuerpos de caballería de esta época, montaban sin estribos, e iban equipados al estilo griego, con una pequeña coraza de cuero que les cubría el torso de la que colgaban bandas de cuero que protegían el bajo vientre. Protegían sus piernas con grebas de bronce y la cabeza con un casco de estilo griego con grandes carrilleras. Iban armados con jabalina y espada de estilo griego, y con un escudo redondo de aproximadamente 1 m de diámetro, sujeto al brazo del jinete y a su cuello mediante una correa de cuero.
Cartagineses.

Infante cartaginés y jinete de la Banda Sagrada.

  •  Mercenarios hispanos. Junto con los mercenarios galos, formaban el grueso del ejército cartaginés. Eran muy apreciados por los cartagineses (y después lo fueron por los romanos) por su valor y destreza en el combate.

Según su procedencia, su armamento podía ser muy diverso. Los guerreros de procedencia ibera usaban la falcata, usada por a, tenía entre 40 y 60 cm de longitud, curvada hacia abajo, con punta y un solo filo, y con la parte central más estrecha que la punta. Los de origen celta usaban las llamadas espadas de antenas, algo más cortas que las de los galos y más anchas, rectas, con punta y dos filos. Ambos usaban puñales triangulares con mango de madera o hueso. Tanto unos como otros portaban también dos tipos de escudos. La caetra era un escudo circular de entre 40 cm y 1 m de diámetro, con un umbo central que sobresalía y que protegía la empuñadura del escudo. Otros llevaban un escudo prácticamente rectangular, de 120 cm de largo por 60 cm de ancho, también con un umbo en el centro. Aparte de las lanzas habituales de madera con punta de hierro, las armas arrojadizas características de los mercenarios hispanos eran el saunion o soliferrum y la falarica. El saunion era una lanza de hierro de unos 2 m de longitud con la punta dentada para dificultar su extracción. La falarica era una lanza de madera y hierro, con una punta de hierro de unos 90 cm de longitud y que tenía forma cuadrada. También había honderos baleares, temibles por su manejo de la honda.

Mercenarios hispanos (Ángel García Pinto).

Mercenarios hispanos (Ángel García Pinto).

  • Mercenarios galos. Parte de ellos fueron reclutados por Aníbal Barca en la Galia Transalpina (la actual Costa Azul francesa) y en la Galia Cisalpina (norte de Italia). Otra parte fue reclutada por Magón Barca en la Aquitania. Su armamento sería típicamente celta: espadas largas de doble filo y punta, lanzas largas con punta de hoja ancha y escudos ovalados. Algunos de ellos podían permitirse el lujo de usar casco de bronce o hierro o cota de malla.
  • Mercenarios ligures. Procedentes de Liguria, la región cuya capital actual es Génova (Italia), los ligures habían mantenido largas guerras con Roma, por lo que no dudaban en combatir como mercenarios al lado de quien quiera que se enfrentase a las legiones romanas. Eran utilizados como infantería ligera, pero no se sabe nada de su armamento.
  • Caballería númida. Los númidas vivían al norte de las actuales Argelia y Túnez. Su caballería formaba la mayor parte de la caballería del ejército cartaginés y era alistada como parte del tributo de los reyes númidas a Cartago o como mercenarios. No usaban armadura; vestían con una túnica corta de lino, un escudo circular de unos 60 cm de diámetro y un par de jabalinas cortas de cerca de 1 m de longitud y un puñal. Montaban sin estribos, bridas ni silla. Era una caballería ligera muy útil para exploración, emboscadas y persecución, pero inútil como fuerza de choque.
Caballería númida.

Caballería númida.

  •  Elefantes. Eran utilizados para aterrorizar a los enemigos y romper sus líneas. Los caballos solían huir despavoridos a causa de su tamaño, su olor y sus tremendos barritos. Es posible que en ocasiones, los cartagineses contasen con elefantes indios adquiridos a través de Egipto, pero los utilizados con más frecuencia era una variedad ya extinguida, el elefante norteafricano, de unos 2,5 m de cruz, más pequeño, por tanto que los elefantes africanos e indios. Los cartagineses los capturaban en Marruecos, Argelia y el sur de Túnez. Sobre su cuello iba montado un conductor, y según algunos grabados, a veces se les ponía una torrecilla de madera sobre el lomo, sujeta con correas, en la que se apostaban dos soldados armados de arcos y lanzas. El conductor llevaba un martillo y un escoplo para apuntillar al animal ante el riesgo de que se volviese contra sus propias filas, lo que podía suceder si el elefante no estaba entrenado de manera adecuada.
Elefantes de guerra.

Elefantes de guerra.

Los cartagineses II: La política.

Aunque no nos ha llegado mucho sobre la organización política cartaginesa, podemos decir que los organismos que dirigían la política de Cartago a finales del s. III a. C. eran:

  1. El Gran Consejo o Senado: Estaba compuesto por 300 miembros pertenecientes a las familias más ricas de Cartago. De él salían los miembros del Consejo de los 30, de los 104 y los sufetes.
  2. El Consejo de los 104: Sus miembros procedían del Gran Consejo. Tenía funciones judiciales. Supervisaba las acciones de los magistrados y los generales y podía destituirlos. También tenía capacidad para condenar a muerte.
  3. El Consejo de los 30 o Pequeño Consejo: También estaba formado por miembros del Gran Consejo. Tenía a su cargo las principales funciones legislativas, ya que era quien creaba las leyes. Sus miembros eran elegidos por la Asamblea Popular.
  4. Los sufetes: Eran los magistrados supremos. Eran dos y los elegía anualmente la Asamblea del Pueblo. A dicha elección podía presentarse cualquier miembro de la aristocracia cartaginesa -entendiendo “aristocracia” como poder económico-. Aplicaban las decisiones del Consejo de los 30. Presidían el Gran Consejo y tenían responsabilidades religiosas y financieras. Presidían los juicios sobre asuntos importantes, tanto civiles como criminales, e incluso podían encargarse del mando de los ejércitos, aunque habitualmente esta tarea se encargaba a generales profesionales.
  5. Pentarcas: Comité de cinco miembros del Gran Consejo que a su vez elegían a los miembros del Consejo de 104. Eran elegidos por el Gran Consejo y su cargo era vitalicio.
  6. La Asamblea del Pueblo: Tenía el derecho de elegir a los sufetes, a los miembros del Consejo de los 30 y a los generales de los ejércitos. Sólo era convocada para tratar asuntos de gran importancia.

Como se ha dicho, las leyes las creaba el Pequeño Consejo. Si sus miembros no se ponían de acuerdo sobre una ley, esta pasaba a ser discutida por el Gran Consejo. Si tampoco se aprobaba, se procedía a reunir a la Asamblea de Pueblo para que la discutiese.

Los romanos II: La política.

Los organismos que regían la vida política de la República a finales del s. III a. C. y primera mitad del s. II a. C. eran:

  1. El Senado: Como su nombre indica, fue originariamente la asamblea de ancianos de Roma. En sus orígenes sólo estaba formado por patricios, procedentes de las familias más ilustres (los patres), pero posteriormente fueron admitidos plebeyos (los conscripti). En esta época, estaba formado por 300 miembros. El Senado controlaba el erario público, la administración y la política exterior de la República.
  1. Los magistrados: Dirigían los ejércitos y el gobierno civil. La carrera política o cursus honorum constaba de varias magistraturas, divididas en mayores (magistrados elegidos por los comitia centuriata) y menores (elegidos por los comitia tributa). En 190 a. C. se estableció que había que recorrer todas las magistraturas anteriores para llegar a ser cónsul, y que debía existir un tiempo de inactividad entre el ejercicio de cada magistratura.

Las magistraturas mayores eran:

  • Cónsules: Era un cargo con imperium, anual y colegiado. Los comitia centuriata elegían dos cónsules cada año. Ejercían el gobierno de la República, convocaban al Senado y a los comitia, administraban justicia y consultaban a los dioses. Cada uno de ellos tenía derecho de veto sobre las decisiones del otro cónsul. Al principio, los dos cónsules eran patricios; más tarde, en el s. IV a. C., se determinó que al menos uno de ellos fuera plebeyo. Todo aquel que había sido cónsul se convertía en consular. Generalmente entraban a formar parte del Senado.
  • Praetores: Eran ocho, elegidos anualmente. También tenían imperium. No todos los praetores tenían las mismas funciones, y estas eran sorteadas. Se encargaban de la administración de justicia, presidiendo los tribunales y llevando a cabo otras funciones judiciales. También ejercía las funciones del cónsul cuando este estaba ausente. En la ciudad de Roma había dos: el urbanus, que se encargaba de los asuntos entre ciudadanos romanos, y el peregrinus, que intervenía en los conflictos entre ciudadanos y no ciudadanos.
  • Censores: Eran elegidos cada cinco años. Tenían a su cargo la relación de ciudadanos romanos y sus bienes, nombraban a los senadores y velaban por la moral. Esta magistratura era la cumbre del cursus honorum.

También existían magistraturas extraordinarias:

  • Procónsules y propraetores: eran magistrados (cónsules o praetores) a los que se les prorrogaba el mandato hasta que llevasen a cabo la misión que se les había encomendado.
  • Dictador: Era una magistratura a la que sólo se recurría en situaciones extraordinarias, como guerras. Era elegido por un cónsul, poseía imperium, asumía todos los poderes y su mandato duraba seis meses, transcurridos los cuales debía devolver el poder a la República. tenía la potestad de nombrar a un magister equitum o comandante de caballería, que era su lugarteniente.

El imperium era la facultad de poseer el mando y el poder militar sobre el ejército y el dominio sobre los territorios conquistados. El imperium se simbolizaba mediante una escolta de lictores (funcionarios de la República) que portaban los fasces (haces de 30 varas de abedul atadas de manera ritual por una cinta de cuero rojo formando un cilindro). Fuera del pomerium, se insertaba un hacha en los fasces, simbolizando que el magistrado tenía poder de ejecutar a un reo; dentro del recinto sagrado, los fasces no llevaban hacha, pues el magistrado no podía ejecutar a un ciudadano. El praetor iba escoltado por 6 lictores, el cónsul por 12 y el dictador por 24 fuera del pomerium y 12 dentro de él.

En la imagen del gran Angus McBride vemos a un general romano precedido por dos de sus lictores.

General romano

General romano con dos lictores (Angus McBride).

Las magistraturas menores, que no tenían imperium, eran:

  • Ediles: Se encargaban del mantenimiento de la ciudad y de su abastecimiento, cuidaban del orden público, eran encargados de organizar fiestas y juegos, y vigilar el orden y resolver los conflictos que pudieran surgir en los mercados.
  • Quaestores: Se encargaban de administrar las cuentas del Erario público (quaestores civiles) y las arcas del ejército (quaestores militares).
  • Tribunos de la plebe: Defendían los intereses de la plebe ante los patricios y el Senado.
  1. Las asambleas: en ellas se reunían los ciudadanos romanos para ejercer su derecho al voto de manera directa. Las más importantes eran:
  • Comicios curiados (comitia curiata): Incluían a las tres tribus más antiguas de Roma, que tenían diez curias de diez hombres cada una; en total 300 hombres. Se limitaban a confirmar e inaugurar las elecciones de los comitia centuriata.
  • Comicios centuriados (comitia centuriata): Incluía a patricios y plebeyos organizados por clases económicas y divididos en centurias. Elegían cada año a cónsules y praetores, y cada cinco años a los censores, decidían sobre la guerra y la paz y legislaban. El voto no era individual; se contaba dentro de la centuria y determinaba el voto de cada centuria. Había 308 centurias.
  • Comicios por tribus (comitia tributa): Incluía a los ciudadanos reunidos por tribus. Elegían a los magistrados menores. Votaban todos los ciudadanos romanos libres nacidos libres, excepto en el caso de los tribunos de la plebe, en el que sólo los plebeyos podían participar en la elección. El voto se contaba dentro de cada tribu, por lo que sólo había un voto por tribu. Había 4 tribus urbanas y 31 rurales. Juzgaban los delitos penados con multa. Votaban la mayor parte de las leyes, que después eran ratificadas por el Senado. Eran convocados y dirigidos por los ediles y tribunos de la plebe.

Los vacceos III: Las ciudades.

En la primera entrada sobre los vacceos hablamos sobre su territorio, mencionamos algunas de sus ciudades más importantes y las ubicamos en el mapa. Pero no hablamos de las características de estas ciudades. Lo haremos ahora.

Para empezar, se trataba de ciudades grandes y distantes. Su tamaño variaba entre las 5 y las 20 ha, aunque se han encontrado restos de algunas que debieron llegar a las 40 ha. Las distancias entre ellos oscilaban entre los 10 y los 20 km.

La mayoría de ellas se encontraba junto a los ríos principales: el Duero, el Pisuerga, el Esla, el Cea, el Tormes o el Arlanzón.

Muchos autores piensan que estas ciudades se comportaban como ciudades-estado, que se autogobernaban y que en algún momento llegaron a estar unidas en una especie de federación.

Los vacceos construían las ciudades en un serie de emplazamientos tipo: en promontorios a la orilla de un río (Albocela o Helmántica), en el lugar de confluencia entre dos ríos (Cauca), en cerros testigo (Segisamo) o incluso en el fondo de los valles (para aprovechar el río como protección natural).

Las ciudades estaban planificadas, generalmente constituidas por una o varias calles longitudinales, cortadas en perpendicular por otras y con un pequeño quiebro en la confluencia con la principal. Era un modelo muy similar al de Numantia, la capital arévaca, cuya reconstrucción digital vemos en esta imagen de la web www.numanciasoria.es

Numantia

Reconstrucción de Numantia (www.numanciasoria.es)

En algunas excavaciones se han encontrado restos de calles pavimentadas y con aceras.

Las ciudades estaban rodeadas por una muralla, frecuentemente de adobe y cantos rodados, con torres e incluso, en ocasiones, con fosos. Algunas ciudades pudieron tener más de un recinto amurallado.

También se construían casas fuera de los recintos amurallados, así como construcciones propias de labores artesanales, por la necesidad de agua y tal vez para evitar incendios. También fuera de la muralla estaban las necrópolis.

Las casas eran también similares a las que fabricaban los arévacos y que se han reconstruido en Numantia, como la de la imagen que pertenece también a la web http://www.numanciasoria.es:

casa_vaccea

Casa vaccea (www.numanciasoria.es).

La casa era de planta rectangular, fabricada en adobe, con vigas de madera y carrizo en los tejados, y paredes enlucidas. Constaba de tres habitaciones: la primera era una especie de recibidor en cuyo suelo se encontraba el acceso a una pequeña bodega de la altura de un hombre y a la que se accedía mediante una trampilla en el suelo. Tras ella se encontraba la estancia principal, en la que se encontraba el fuego para cocinar. Finalmente, al fondo, había una pequeña despensa o almacén. Cada vivienda solía tener un pequeño corral anexo.

Los cartagineses I: Cartago.

Al contrario que Roma, Cartago -heredera de los fenicios- ya había conocido su época de máximo esplendor a finales del s. III a. C. Dominadora del mar gracias a su gran flota, se había expandido por el Mediterráneo occidental, había explorado las costas de la Península Ibérica, la Galia y el sur de Britania, se había apoderado del norte de África hasta las columnas de Hércules -sometiendo a los númidas y a los mauritanos- y de las ricas regiones del sur y sureste de Iberia, explotando sus magníficos recursos y creciendo en poder. Se había asegurado el dominio de las tribus iberas (desde los edetanos a los turdetanos) capturando rehenes entre los cabecillas y reyezuelos de estas tribus.

Siempre tuvo como enemigos a los griegos, a quienes venció en una batalla naval rente a las costas de Córcega, y a los sicilianos, con quienes estuvo peleando durante trescientos años.

Sin embargo, Cartago terminó encontrándose con Roma. Algunas ciudades sicilianas, temerosas del poder de Cartago y cansadas de enfrentarse a la flota púnica, llamaron a Roma para que les protegiese de los cartagineses, y los problemas no tardaron en llegar.

La ciudad de Cartago era espléndida. Situada en la península de Byrsa, al norte de la actual Túnez, estaba rodeada de altas murallas y era prácticamente inexpugnable. Según Apiano, Cartago estaba rodeado por una triple muralla de cerca de 15 metros de altura y 10 de anchura, con torres de cuatro plantas cada 60 metros. Dentro de ella había establos para 300 elefantes y 4000 caballos, y alojamientos para 24.000 soldados. En la ilustración del gran Peter Connolly (Aníbal y los enemigos de Roma, Espasa Calpe, S. A. 1981) podemos ver la península de Cartago. La línea W – W es la muralla que atraviesa el istmo, y la línea roja discontinua señala aproximadamente la línea de la costa en el s. II a. C. Los dos puertes están señalados por H.

Cartago

El promontorio de Cartago (Peter Connolly).

Cartago poseía dos puertos magníficos, uno civil (rectangular) y otro militar. Este último era una maravilla de la ingeniería; según Apiano, y como podemos ver en la otra imagen de Peter Connolly, tenía forma circular con una pequeña isla en el centro en la que se encontraba la sede del almirantazgo. En él podían atracar 220 barcos de guerra.

Puerto Cartago 01

Reconstrucción de los puertos de Cartago (Peter Connolly).

El puerto mercantil podía cerrarse con cadenas de hierro. Para acceder al puerto militar había que pasar por el comercial, a través de un canal que comunicaba ambos.

 

Los romanos I: La República.

La Roma de la Segunda Guerra Púnica -finales del s. III a. C. a principios del s. II a. C.- no era la ciudad cuya grandeza se ha transmitido hasta nuestros días. Ni siquiera era la Roma de César y mucho menos la de Augusto. No existían aún el Coliseo, el Foro de César, el de Augusto, el Ara Pacis… Roma era una potencia emergente que mantenía cierta hegemonía en Italia gracias a una red de alianzas con los otros pueblos italianos. Por supuesto, el territorio de la República no era, ni mucho menos, el que llegaría a dominar siglos más tarde con el Imperio. En aquel momento, debido a la guerra contra Cartago y, sobre todo, a la presencia de Aníbal Barca y su ejército en Italia, Roma apenas controlaba la Italia central y del sur, Corsica (Córcega), Sardinia (Cerdeña), parte de Sicilia, parte de la costa del sur de la Galia y, en la Península Ibérica, había tenido que retirarse al norte del río Iber (Ebro).

El Mediterraneo Occidental en 210 a. C.

El Mediterráneo Occidental en el año 210 a. C.

Cómo no, el centro de esta emergente República era Roma. La ciudad de Roma apenas había sobrepasado aún la antigua muralla Serviana, que había mandado construir el rey Servio Tulio en el s. VI a. C. Incluso el Campo de Marte, en el exterior de las murallas, estaba excluido en esa época del recinto de la ciudad. También lo estaban el Aventino, el Capitolino y el Arx (la ciudadela). La leyenda decía que el mismo Servio Tulio había creado el pomerium, el recinto sagrado de Roma, aunque no es probable, ya que esta frontera sagrada no seguía exactamente la línea de la muralla; no podía traspasar esta línea -de color rojo en el plano adjunto- nadie que estuviera armado. Los magistrados con imperium no podían condenar a muerte a ningún ciudadano dentro del recinto sagrado, aunque sí ordenar que fuese azotado. Incluso el templo de Bellona, la diosa original de la guerra para los romanos, se encontraba fuera del pomerium, y el Senado se reunía allí para hablar de guerra. Hasta las legiones que desfilaban en triunfo por las calles de la ciudad estaban obligadas a dejar sus armas fuera del recinto, en el Campo de Marte, donde solían acampar la noche anterior a dicho evento.

Así era en el año 210 a. C., aproximadamente, la ciudad que se enfrentaba a su enemigo irreconciliable, Cartago, por segunda vez en menos de cincuenta años.

Roma

Plano de Roma.