Entrevista en La Opinión de Zamora.

El diario La Opinión de Zamora publica hoy en su edición electrónica una entrevista que me hizo hace unos días y que ya publicó en su edición impresa el pasado viernes. Podéis leerla aquí o en el enlace correspondiente en la página Entrevistas.

«Aro, el guerrero lobo», en ihistoriarte.com

La web ihistoriarte.com, dedicada a la Historia, dedica desde ayer un espacio a Aro, el guerrero lobo, recomendando su lectura a los visitantes de dicha página. Podéis visitar el artículo haciendo click aquí.

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VI Encuentros Hislibris.

Este próximo fin de semana, el del 17, 18 y 19 de abril se celebra en Murcia el VI Encuentro Hislibris.

En esta cita histórico – literaria se dan cita algunos de los mejores escritores de novela histórica en lengua castellana. Todos los actos que se llevan a cabo serán de libre acceso, por lo que los amantes de la historia y de la novela histórica podrán disfrutar asistiendo a los mismos.

Toda la información sobre este evento en este enlace:

VI Encuentro Hislibris (Murcia).

¡Animaos a asistir y disfrutad de estas jornadas!

«Aro, el guerrero lobo», en casa.

Hoy hemos recibido los ejemplares de Aro, el guerrero lobo que me corresponden por contrato. ¡Por fin tenemos a Aro físicamente en nuestras manos!

Augusto y Aro

Ha sido una sensación difícil de describir, tener el libro en mis manos, poder tocarlo, olerlo, pasar sus hojas y leer lo que hasta hace muy poco tiempo estaba en un archivo word o pdf en mi ordenador, o era un manuscrito impreso en casa para hacer correcciones.

La maquetación, el estilo de letra, la portada… Todo ha sido una nueva experiencia para mí, el resultado de la transformación de la criatura que imaginé y empecé a escribir hace tiempo en la obra que podrán disfrutar todos los lectores que estén dispuestos a adentrarse, como yo lo hice, en  el mundo de los vacceos.

Lector, te invito una vez más a que te atrevas a abrir las páginas de Aro, el guerrero lobo y disfrutes con su mundo y sus aventuras.

«Aro, el guerrero lobo» ya está a la venta.

Por fin ha llegado el momento. Aro, el guerrero lobo ya está a la venta.

Cubierta de Aro, el guerrero lobo.
Cubierta de Aro, el guerrero lobo.

Por el momento ya está disponible en formato ebook en Amazon y otras plataformas, y en unos pocos días podréis encontrarlo y adquirirlo en formato papel en librerías y grandes superficies, además de en plataformas digitales. Si no lo encontráis en vuestra librería habitual, os animo a que preguntéis a vuestro librero por él y lo pidáis, porque es casi seguro que lo tenga en su catálogo.

Espero que disfrutéis con la lectura de Aro, el guerrero lobo y conociendo el mundo de los vacceos tanto como yo lo he hecho escribiendo esta historia para vosotros.

Los romanos III. El ejército.

La legión romana republicana del período transcurrido entre el inicio de la Segunda Guerra Púnica y las reformas de Cayo Mario, a finales del s. II a. C., es la conocida como legión polibia o legión manipular. Este nombre se debe a que la unidad fundamental dentro de las legiones de esta época era el manípulo, formado por dos centurias de entre 60 y 80 legionarios. El número de hombres de una legión variaba, aunque a partir de 216 a. C. se estableció  en 5.000 infantes y 400 jinetes.

No se trataba de un ejército profesional, sino de ciudadanos romanos con una edad determinada y una renta mínima, que en el s. III a. C. era de 1.100 denarios pero que durante la Segunda Guerra Púnica se redujo a los 400 denarios. Los proletarii estaban excluidos. La legión no era un cuerpo uniforme. Describo a continuación los diferentes tipos de legionarios que la formaban; no lo haré en profundidad, porque esta descripción se hace en Aro, el guerrero lobo, y no voy a hacerme spoiler a mí mismo. Esta explicación, acompañada de imágenes, está destinada a que os hagáis una idea visual de cómo vestían e iban armados los legionarios de cada una de las unidades de la legión en la época del relato.

El ejército romano estaba formado por:

  1. Las legiones.

Existían cuatro tipos de soldados de infantería:

  • Velites. La infantería ligera. Eran los más jóvenes y pobres de los ciudadanos alistados. Iban armados con un pequeño escudo circular, una espada y un haz de pequeños venablos. No llevaban armadura, salvo un casco de cuero que solían cubrir con la piel de algún animal.
  • Hastati. Eran, junto a los principes, la flor y nata de la legión, los hombres en la plenitud de la edad pero con experiencia en combate, aunque los hastati eran más jóvenes y tenían menos dinero que los principes. Llevaban armadura ligera, el pectorale, una pequeña pieza de metal que les protegía el pecho, y un casco de bronce o hierro de los tipos Montefortino, ático o etrusco-corintio, que adornaban con plumas o con crines de caballo teñidas. Portaban el gran scutum rectangular con las puntas redondeadas y oblongo, dos pila o jabalinas arrojadizas y una espada, el gladius hispaniensis.
Triarius, hastatus o priceps y velite (Peter Connolly).
Triarius, hastatus o priceps y velite (Peter Connolly).
  • Principes. Eran hombres algo mayores que los hastati, más experimentados que estos e iban equipados de manera similar. Los que podían permitírselo, podían comprar una cota de malla o lorica hamata.
Princeps.
Princeps.
  • Triarii. Eran los veteranos de la legión, los hombres con más edad y más experiencia. Su armamento era diferente al de los anteriores legionarios. Aparte del casco de los mismos que los anteriores, llevaban una lanza larga, el gran scutum, el gladius hispaniensis y se protegían con cota de malla.
Triarius.
Triarius.
  1. Los aliados.

Además de los legionarios romanos, los socii, es decir, los aliados italianos –y más tarde los hispanos- aportaban su contingente al ejército, las alae, que formaban en los flancos, como su nombre indica. Los aliados debían aportar al ejército un número de hombres equivalentes a los que aportaba Roma, es decir, en un ejército consular de dos legiones romanas había un número equivalente de aliados. Al principio, estos aliados iban armados con su armamento propio, pero con el tiempo fueron asimilándolo al de los romanos.

Aliados itálicos (Richard Hook).
Aliados itálicos (Richard Hook).
  1. La caballería. La caballería romana estaba formada por los equites, es decir, hombres del ordo equester, es decir, aquellos que tenían el dinero suficiente para poseer un caballo. Iban armados con casco, escudo circular, lanza o jabalina y una espada –la spatha– más larga que la de la infantería para combatir mejor a caballo. Se protegían con coraza de lino prensado, de cuero o de bronce. Bajo la túnica solían llevar calzones hasta la pantorrilla, para prevenir rozaduras.
Caballería romana.
Caballería romana.

Por lo general, la caballería romana formaba a la derecha del ejército y la aliada a la izquierda. Dada la endeblez de la caballería romana, los aliados estaban obligados a aportar al ejército una cantidad mayor de jinetes, generalmente el triple de los jinetes romanos.

Legionarios en Hispania (Angus McBride).
Legionarios en Hispania (Angus McBride).
Legionarios.
Legionarios.

Así eran las legiones de Roma en la época de Aro, el guerrero lobo. Por tanto, lector, cuando leas sus páginas, por todos los dioses, no pienses en los romanos del cine, especialmente en los de Gladiator. No había escudos cuadrados pintados de rojo con alas amarillas. No había uniforme. No había coraza de placas de hierro o lorica segmentata. Y, ni en esta época ni en ninguna, los legionarios llevaban capa roja. Esta prenda, el paludamentum, era propia del comandante en jefe del ejército. Recuerda las imágenes de este blog y conseguirás que las almas inmortales de Publio Cornelio Escipión, Cayo Claudio Nerón o Tiberio Sempronio Graco te lo agradezcan eternamente desde el Elíseo o el Hades.

Oficiales romanos.
Oficiales romanos.

 

Los cartagineses II: La política.

Aunque no nos ha llegado mucho sobre la organización política cartaginesa, podemos decir que los organismos que dirigían la política de Cartago a finales del s. III a. C. eran:

  1. El Gran Consejo o Senado: Estaba compuesto por 300 miembros pertenecientes a las familias más ricas de Cartago. De él salían los miembros del Consejo de los 30, de los 104 y los sufetes.
  2. El Consejo de los 104: Sus miembros procedían del Gran Consejo. Tenía funciones judiciales. Supervisaba las acciones de los magistrados y los generales y podía destituirlos. También tenía capacidad para condenar a muerte.
  3. El Consejo de los 30 o Pequeño Consejo: También estaba formado por miembros del Gran Consejo. Tenía a su cargo las principales funciones legislativas, ya que era quien creaba las leyes. Sus miembros eran elegidos por la Asamblea Popular.
  4. Los sufetes: Eran los magistrados supremos. Eran dos y los elegía anualmente la Asamblea del Pueblo. A dicha elección podía presentarse cualquier miembro de la aristocracia cartaginesa -entendiendo «aristocracia» como poder económico-. Aplicaban las decisiones del Consejo de los 30. Presidían el Gran Consejo y tenían responsabilidades religiosas y financieras. Presidían los juicios sobre asuntos importantes, tanto civiles como criminales, e incluso podían encargarse del mando de los ejércitos, aunque habitualmente esta tarea se encargaba a generales profesionales.
  5. Pentarcas: Comité de cinco miembros del Gran Consejo que a su vez elegían a los miembros del Consejo de 104. Eran elegidos por el Gran Consejo y su cargo era vitalicio.
  6. La Asamblea del Pueblo: Tenía el derecho de elegir a los sufetes, a los miembros del Consejo de los 30 y a los generales de los ejércitos. Sólo era convocada para tratar asuntos de gran importancia.

Como se ha dicho, las leyes las creaba el Pequeño Consejo. Si sus miembros no se ponían de acuerdo sobre una ley, esta pasaba a ser discutida por el Gran Consejo. Si tampoco se aprobaba, se procedía a reunir a la Asamblea de Pueblo para que la discutiese.

Los cartagineses I: Cartago.

Al contrario que Roma, Cartago -heredera de los fenicios- ya había conocido su época de máximo esplendor a finales del s. III a. C. Dominadora del mar gracias a su gran flota, se había expandido por el Mediterráneo occidental, había explorado las costas de la Península Ibérica, la Galia y el sur de Britania, se había apoderado del norte de África hasta las columnas de Hércules -sometiendo a los númidas y a los mauritanos- y de las ricas regiones del sur y sureste de Iberia, explotando sus magníficos recursos y creciendo en poder. Se había asegurado el dominio de las tribus iberas (desde los edetanos a los turdetanos) capturando rehenes entre los cabecillas y reyezuelos de estas tribus.

Siempre tuvo como enemigos a los griegos, a quienes venció en una batalla naval rente a las costas de Córcega, y a los sicilianos, con quienes estuvo peleando durante trescientos años.

Sin embargo, Cartago terminó encontrándose con Roma. Algunas ciudades sicilianas, temerosas del poder de Cartago y cansadas de enfrentarse a la flota púnica, llamaron a Roma para que les protegiese de los cartagineses, y los problemas no tardaron en llegar.

La ciudad de Cartago era espléndida. Situada en la península de Byrsa, al norte de la actual Túnez, estaba rodeada de altas murallas y era prácticamente inexpugnable. Según Apiano, Cartago estaba rodeado por una triple muralla de cerca de 15 metros de altura y 10 de anchura, con torres de cuatro plantas cada 60 metros. Dentro de ella había establos para 300 elefantes y 4000 caballos, y alojamientos para 24.000 soldados. En la ilustración del gran Peter Connolly (Aníbal y los enemigos de Roma, Espasa Calpe, S. A. 1981) podemos ver la península de Cartago. La línea W – W es la muralla que atraviesa el istmo, y la línea roja discontinua señala aproximadamente la línea de la costa en el s. II a. C. Los dos puertes están señalados por H.

Cartago
El promontorio de Cartago (Peter Connolly).

Cartago poseía dos puertos magníficos, uno civil (rectangular) y otro militar. Este último era una maravilla de la ingeniería; según Apiano, y como podemos ver en la otra imagen de Peter Connolly, tenía forma circular con una pequeña isla en el centro en la que se encontraba la sede del almirantazgo. En él podían atracar 220 barcos de guerra.

Puerto Cartago 01
Reconstrucción de los puertos de Cartago (Peter Connolly).

El puerto mercantil podía cerrarse con cadenas de hierro. Para acceder al puerto militar había que pasar por el comercial, a través de un canal que comunicaba ambos.

 

Los romanos I: La República.

La Roma de la Segunda Guerra Púnica -finales del s. III a. C. a principios del s. II a. C.- no era la ciudad cuya grandeza se ha transmitido hasta nuestros días. Ni siquiera era la Roma de César y mucho menos la de Augusto. No existían aún el Coliseo, el Foro de César, el de Augusto, el Ara Pacis… Roma era una potencia emergente que mantenía cierta hegemonía en Italia gracias a una red de alianzas con los otros pueblos italianos. Por supuesto, el territorio de la República no era, ni mucho menos, el que llegaría a dominar siglos más tarde con el Imperio. En aquel momento, debido a la guerra contra Cartago y, sobre todo, a la presencia de Aníbal Barca y su ejército en Italia, Roma apenas controlaba la Italia central y del sur, Corsica (Córcega), Sardinia (Cerdeña), parte de Sicilia, parte de la costa del sur de la Galia y, en la Península Ibérica, había tenido que retirarse al norte del río Iber (Ebro).

El Mediterraneo Occidental en 210 a. C.
El Mediterráneo Occidental en el año 210 a. C.

Cómo no, el centro de esta emergente República era Roma. La ciudad de Roma apenas había sobrepasado aún la antigua muralla Serviana, que había mandado construir el rey Servio Tulio en el s. VI a. C. Incluso el Campo de Marte, en el exterior de las murallas, estaba excluido en esa época del recinto de la ciudad. También lo estaban el Aventino, el Capitolino y el Arx (la ciudadela). La leyenda decía que el mismo Servio Tulio había creado el pomerium, el recinto sagrado de Roma, aunque no es probable, ya que esta frontera sagrada no seguía exactamente la línea de la muralla; no podía traspasar esta línea -de color rojo en el plano adjunto- nadie que estuviera armado. Los magistrados con imperium no podían condenar a muerte a ningún ciudadano dentro del recinto sagrado, aunque sí ordenar que fuese azotado. Incluso el templo de Bellona, la diosa original de la guerra para los romanos, se encontraba fuera del pomerium, y el Senado se reunía allí para hablar de guerra. Hasta las legiones que desfilaban en triunfo por las calles de la ciudad estaban obligadas a dejar sus armas fuera del recinto, en el Campo de Marte, donde solían acampar la noche anterior a dicho evento.

Así era en el año 210 a. C., aproximadamente, la ciudad que se enfrentaba a su enemigo irreconciliable, Cartago, por segunda vez en menos de cincuenta años.

Roma
Plano de Roma.

Los vacceos II: La sociedad vaccea.

Los vacceos eran un pueblo agrícola y ganadero. Los diferentes autores no se ponen de acuerdo tampoco en este punto. Unos afirman que su actividad principal era la agricultura; otros piensan que era la ganadería. Lo cierto es que ya practicaban la transhumancia, desplazando sus ganados a las tierras de los arévacos o de los vettones. Se dedicaban a la cría de ovejas, vacas y caballos. Sobre éstos últimos hablaremos en otra entrada. Cultivaban cereales, y practicaban una forma de colectivismo agrario que sorprendió a los escritores griegos y romanos por lo poco común. Por tanto, solían alimentarse de trigo, cebada e incluso bellotas. Además, utilizaron los cereales para comerciar con los pueblos vecinos (arévacos, vettones, carpetanos, astures…) a cambio de oro y metales.

Con respecto a su aspecto físico, tampoco se sabe mucho de ellos. Podemos suponer que, por tener procedencia celta, tendrían rasgos propios de ese grupo de pueblos; pero también es cierto que debieron mezclarse con los anteriores pobladores del valle del Duero, de los que sabemos aún menos que de los vacceos, aunque está claro que éstos mantuvieron su predominio sobre aquellos.

Estaban organizados en clases sociales; es probable que compaginasen sus labores agrícolas y ganaderas con la actividad guerrera. Existía una nobleza guerrera, pero las decisiones se tomaban en asambleas, aunque quienes decidían eran los miembros del consejo de ancianos. Sobre este punto, hay que señalar que cada ciudad era independiente, funcionando como una ciudad-estado, aunque es muy probable que todas las ciudades vacceas funcionasen como una federación que se uniese para afrontar peligros mayores que las habituales escaramuzas con los pueblos vecinos -astures, vettones, turmódigos…-. Tenían esclavos, habitualmente aquellos que contraían deudas y no podían pagarlas. También, aunque no se han encontrado evidencias de ello, debieron tener una casta sacerdotal que se encargase del culto a los dioses, de cuyo culto sí que existen evidencias.

Eran magníficos artesanos; existen en Castilla y León varios yacimientos que lo demuestran, como los de Pintia (Padilla de Duero) y el Soto de Medinilla. En ellos se han encontrado buena cantidad de útiles de cerámica y metal, así como joyas de oro y bronce. Por ejemplo, estos vasos de cerámica.

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Cerámica vaccea.

En la siguiente imagen, obtenida de la web Pintia vaccea, podéis ver una reconstrucción de lo que pudo ser una escena cotidiana vaccea.

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Escena cotidiana vaccea.

Los objetos en color son reconstrucciones de útiles hallados en los yacimientos de dicha localidad vallisoletana. En cuanto al aspecto y las ropas de los personajes, quiero pensar que tendrían un aspecto más céltico que los del grabado, pero eso es mi opinión personal.