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Las Guerras Púnicas. Juego de los errores.

Te invito a jugar a un juego. Se trata de un curioso vídeo que he encontrado en YouTube, titulado “Las Guerras Púnicas”. No incluye imágenes reales, es una animación, con unos cuantos errores, y sólo dura diez minutos. Puedes verlo pulsando aquí.

Después de verlo, si quieres, puedes leer los fallos que he detectado, aunque seguro que se me escapan otros. Te invito a que añadas los que has visto, si quieres añadir alguno, por supuesto.

Estos son los fallos que he podido detectar:

  1. Min. 1:30. Afirma que Asdrúbal fundó Cartago Nova. El nombre cartaginés de la actual Cartagena es Qart Hadasht. Cartago Nova es el nombre latino que le puso Publio Cornelio Escipión tras su conquista en 209 a. C.
  2. Min. 2:13. “Tras las conquistas de Salamanca, Zamora y Ávila”… y el mapa muestra Helmántica, Cimura y Obila… La expedición de Aníbal en 220 a. C. se dirigió contra las ciudades vacceas de Helmántica y Albocela. Los nombres de Cimura para Zamora y Obila para Ávila son, cuanto menos, dudosos. En el caso de Zamora, la ubicación más común por parte de los historiadores es la de Ocellum Durii.
  3. Sigue diciendo que tras la conquista de estas ciudades vacceas, en 219 a. C., se dirigió a Sagunto. Esto es falso, puesto que tras atacar Helmántica y Albocela, Aníbal se retiró hacia el sur, no hacia el este. Incluso hubo una batalla cuando los cartagineses vadeaban el Tajo de vuelta hacia el sur, puesto que los vacceos y los carpetanos les atacaron.
  4. Min. 4:07. Tras la batalla de Cannae, “El ejército de Aníbal se encontraba a las puertas de Roma”. Entre Cannae y Roma hay aproximadamente 400 Km. Eso no es estar a las puertas de Roma…
  5. Min. 4:20. “El Senado encomienda a Escipión…” Había mucho que precisar sobre lo que ocurrió hasta que Escipión consiguiera el imperium de las legiones para ir a Hispania, que fue en 210 a. C., seis años después de Cannae. Además, el dibujo presenta a un tipo grueso, calvo, entradito en años y en carnes, cuando en aquel momento Escipión tenía 25 años.
  6. Min. 4:45. Aníbal no cabalgó hasta Roma tras Cannae. Al contrario, no accedió a hacerlo a pesar de la insistencia de Maharbal, su comandante de caballería, por diversas razones. Permaneció en el sur de Italia y envió una embajada a Roma para negociar la rendición, cosa que el Senado no aceptó.
  7. Min. 7:20. En el momento de la muerte de su padre y su tío en Hispania, Publio Cornelio Escipión no era, en absoluto, el general más brillante de Roma. Ni siquiera era general. Había sobrevivido en Cannae, donde no era más que un tribuno militar. El Senado no tuvo más remedio que entregar a un tipo de 25 años, sin experiencia en el mando de ejércitos, el imperium de las legiones que irían a Hispania. No había más candidatos para hacerlo. Sólo se presentó el joven Escipión y, ante la insistencia del pueblo romano, el Senado no tuvo más remedio que concederle el mando. Era tan joven, que no se le concedió ninguna magistratura; simplemente era un privatus cum imperio.
  8. Min. 7:45. Gades no fue tomada por los romanos. Se rindió a ellos aprovechando la salida del ejército cartaginés para una expedición que trataba de reconquistar Cartago Nova.
  9. Min. 8:10. ¿Cien legiones? En Zama, Escipión contaba con dos legiones (más las dos alae correspondientes), 7000 voluntarios llegados desde Roma y 6000 infantes y 4000 jinetes númidas. En total, unos 31000 infantes y menos de 7000 jinetes. Un ejército menor que el de los cartagineses, que contaban con alrededor de 45000 infantes y 4000 jinetes.

Los cartagineses III: El ejército.

El ejército cartaginés que combatió contra las legiones romanas en la Segunda Guerra Púnica estaba formado por contingentes muy variados:

  • Infantería africana o libiofenicia. Reclutada en el norte de África, en las regiones cercanas a Cartago, constituía el núcleo del ejército cartaginés. Los soldados iban equipados al estilo de los hoplitas macedonios de la época, con casco de tipo tracio, coraza de cuero o lino prensado y grebas –espinilleras- de bronce en las piernas. Su equipo constaba de una lanza larga, del tipo de la sarissa macedonia, de entre 5 y 7 m de longitud que tenían que manejar con las dos manos, una espada de tipo griego y un escudo redondo de unos 60 cm de diámetro, que llevaban sujeto al brazo y colgado del cuello por una correa de cuero.
  • La Banda Sagrada. Se trataba de un grupo de jóvenes aristócratas de Cartago que formaban un selecto cuerpo de caballería y del que salían muchos de los oficiales que luego dirigían a las unidades del ejército cartaginés. Como todos los cuerpos de caballería de esta época, montaban sin estribos, e iban equipados al estilo griego, con una pequeña coraza de cuero que les cubría el torso de la que colgaban bandas de cuero que protegían el bajo vientre. Protegían sus piernas con grebas de bronce y la cabeza con un casco de estilo griego con grandes carrilleras. Iban armados con jabalina y espada de estilo griego, y con un escudo redondo de aproximadamente 1 m de diámetro, sujeto al brazo del jinete y a su cuello mediante una correa de cuero.
Cartagineses.

Infante cartaginés y jinete de la Banda Sagrada.

  •  Mercenarios hispanos. Junto con los mercenarios galos, formaban el grueso del ejército cartaginés. Eran muy apreciados por los cartagineses (y después lo fueron por los romanos) por su valor y destreza en el combate.

Según su procedencia, su armamento podía ser muy diverso. Los guerreros de procedencia ibera usaban la falcata, usada por a, tenía entre 40 y 60 cm de longitud, curvada hacia abajo, con punta y un solo filo, y con la parte central más estrecha que la punta. Los de origen celta usaban las llamadas espadas de antenas, algo más cortas que las de los galos y más anchas, rectas, con punta y dos filos. Ambos usaban puñales triangulares con mango de madera o hueso. Tanto unos como otros portaban también dos tipos de escudos. La caetra era un escudo circular de entre 40 cm y 1 m de diámetro, con un umbo central que sobresalía y que protegía la empuñadura del escudo. Otros llevaban un escudo prácticamente rectangular, de 120 cm de largo por 60 cm de ancho, también con un umbo en el centro. Aparte de las lanzas habituales de madera con punta de hierro, las armas arrojadizas características de los mercenarios hispanos eran el saunion o soliferrum y la falarica. El saunion era una lanza de hierro de unos 2 m de longitud con la punta dentada para dificultar su extracción. La falarica era una lanza de madera y hierro, con una punta de hierro de unos 90 cm de longitud y que tenía forma cuadrada. También había honderos baleares, temibles por su manejo de la honda.

Mercenarios hispanos (Ángel García Pinto).

Mercenarios hispanos (Ángel García Pinto).

  • Mercenarios galos. Parte de ellos fueron reclutados por Aníbal Barca en la Galia Transalpina (la actual Costa Azul francesa) y en la Galia Cisalpina (norte de Italia). Otra parte fue reclutada por Magón Barca en la Aquitania. Su armamento sería típicamente celta: espadas largas de doble filo y punta, lanzas largas con punta de hoja ancha y escudos ovalados. Algunos de ellos podían permitirse el lujo de usar casco de bronce o hierro o cota de malla.
  • Mercenarios ligures. Procedentes de Liguria, la región cuya capital actual es Génova (Italia), los ligures habían mantenido largas guerras con Roma, por lo que no dudaban en combatir como mercenarios al lado de quien quiera que se enfrentase a las legiones romanas. Eran utilizados como infantería ligera, pero no se sabe nada de su armamento.
  • Caballería númida. Los númidas vivían al norte de las actuales Argelia y Túnez. Su caballería formaba la mayor parte de la caballería del ejército cartaginés y era alistada como parte del tributo de los reyes númidas a Cartago o como mercenarios. No usaban armadura; vestían con una túnica corta de lino, un escudo circular de unos 60 cm de diámetro y un par de jabalinas cortas de cerca de 1 m de longitud y un puñal. Montaban sin estribos, bridas ni silla. Era una caballería ligera muy útil para exploración, emboscadas y persecución, pero inútil como fuerza de choque.
Caballería númida.

Caballería númida.

  •  Elefantes. Eran utilizados para aterrorizar a los enemigos y romper sus líneas. Los caballos solían huir despavoridos a causa de su tamaño, su olor y sus tremendos barritos. Es posible que en ocasiones, los cartagineses contasen con elefantes indios adquiridos a través de Egipto, pero los utilizados con más frecuencia era una variedad ya extinguida, el elefante norteafricano, de unos 2,5 m de cruz, más pequeño, por tanto que los elefantes africanos e indios. Los cartagineses los capturaban en Marruecos, Argelia y el sur de Túnez. Sobre su cuello iba montado un conductor, y según algunos grabados, a veces se les ponía una torrecilla de madera sobre el lomo, sujeta con correas, en la que se apostaban dos soldados armados de arcos y lanzas. El conductor llevaba un martillo y un escoplo para apuntillar al animal ante el riesgo de que se volviese contra sus propias filas, lo que podía suceder si el elefante no estaba entrenado de manera adecuada.
Elefantes de guerra.

Elefantes de guerra.

Los cartagineses II: La política.

Aunque no nos ha llegado mucho sobre la organización política cartaginesa, podemos decir que los organismos que dirigían la política de Cartago a finales del s. III a. C. eran:

  1. El Gran Consejo o Senado: Estaba compuesto por 300 miembros pertenecientes a las familias más ricas de Cartago. De él salían los miembros del Consejo de los 30, de los 104 y los sufetes.
  2. El Consejo de los 104: Sus miembros procedían del Gran Consejo. Tenía funciones judiciales. Supervisaba las acciones de los magistrados y los generales y podía destituirlos. También tenía capacidad para condenar a muerte.
  3. El Consejo de los 30 o Pequeño Consejo: También estaba formado por miembros del Gran Consejo. Tenía a su cargo las principales funciones legislativas, ya que era quien creaba las leyes. Sus miembros eran elegidos por la Asamblea Popular.
  4. Los sufetes: Eran los magistrados supremos. Eran dos y los elegía anualmente la Asamblea del Pueblo. A dicha elección podía presentarse cualquier miembro de la aristocracia cartaginesa -entendiendo “aristocracia” como poder económico-. Aplicaban las decisiones del Consejo de los 30. Presidían el Gran Consejo y tenían responsabilidades religiosas y financieras. Presidían los juicios sobre asuntos importantes, tanto civiles como criminales, e incluso podían encargarse del mando de los ejércitos, aunque habitualmente esta tarea se encargaba a generales profesionales.
  5. Pentarcas: Comité de cinco miembros del Gran Consejo que a su vez elegían a los miembros del Consejo de 104. Eran elegidos por el Gran Consejo y su cargo era vitalicio.
  6. La Asamblea del Pueblo: Tenía el derecho de elegir a los sufetes, a los miembros del Consejo de los 30 y a los generales de los ejércitos. Sólo era convocada para tratar asuntos de gran importancia.

Como se ha dicho, las leyes las creaba el Pequeño Consejo. Si sus miembros no se ponían de acuerdo sobre una ley, esta pasaba a ser discutida por el Gran Consejo. Si tampoco se aprobaba, se procedía a reunir a la Asamblea de Pueblo para que la discutiese.

Los cartagineses I: Cartago.

Al contrario que Roma, Cartago -heredera de los fenicios- ya había conocido su época de máximo esplendor a finales del s. III a. C. Dominadora del mar gracias a su gran flota, se había expandido por el Mediterráneo occidental, había explorado las costas de la Península Ibérica, la Galia y el sur de Britania, se había apoderado del norte de África hasta las columnas de Hércules -sometiendo a los númidas y a los mauritanos- y de las ricas regiones del sur y sureste de Iberia, explotando sus magníficos recursos y creciendo en poder. Se había asegurado el dominio de las tribus iberas (desde los edetanos a los turdetanos) capturando rehenes entre los cabecillas y reyezuelos de estas tribus.

Siempre tuvo como enemigos a los griegos, a quienes venció en una batalla naval rente a las costas de Córcega, y a los sicilianos, con quienes estuvo peleando durante trescientos años.

Sin embargo, Cartago terminó encontrándose con Roma. Algunas ciudades sicilianas, temerosas del poder de Cartago y cansadas de enfrentarse a la flota púnica, llamaron a Roma para que les protegiese de los cartagineses, y los problemas no tardaron en llegar.

La ciudad de Cartago era espléndida. Situada en la península de Byrsa, al norte de la actual Túnez, estaba rodeada de altas murallas y era prácticamente inexpugnable. Según Apiano, Cartago estaba rodeado por una triple muralla de cerca de 15 metros de altura y 10 de anchura, con torres de cuatro plantas cada 60 metros. Dentro de ella había establos para 300 elefantes y 4000 caballos, y alojamientos para 24.000 soldados. En la ilustración del gran Peter Connolly (Aníbal y los enemigos de Roma, Espasa Calpe, S. A. 1981) podemos ver la península de Cartago. La línea W – W es la muralla que atraviesa el istmo, y la línea roja discontinua señala aproximadamente la línea de la costa en el s. II a. C. Los dos puertes están señalados por H.

Cartago

El promontorio de Cartago (Peter Connolly).

Cartago poseía dos puertos magníficos, uno civil (rectangular) y otro militar. Este último era una maravilla de la ingeniería; según Apiano, y como podemos ver en la otra imagen de Peter Connolly, tenía forma circular con una pequeña isla en el centro en la que se encontraba la sede del almirantazgo. En él podían atracar 220 barcos de guerra.

Puerto Cartago 01

Reconstrucción de los puertos de Cartago (Peter Connolly).

El puerto mercantil podía cerrarse con cadenas de hierro. Para acceder al puerto militar había que pasar por el comercial, a través de un canal que comunicaba ambos.