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Nuevo e importante descubrimiento arqueológico vacceo en Pintia.

Los vacceos siguen saliendo a la luz. El grupo de arqueólogos que lleva a cabo las excavaciones en la Zona Arqueológica de la Necrópolis de Las Ruedas, en Pintia (Padilla de Duero) ha realizado un importante descubrimiento.

Se trata de cuatro tumbas de época vaccea, dos de las cuales se encuentan en peor estado de conservación y en las que apenas se hallan unas pocas estelas. Pero en las otras dos se ha encontrado abundante material. En una de ellas, denominada sepultura 310, se han hallado trece objetos de cerámica.

Sin embargo, es la sepultura 308 la que se lleva la palma. En ella se han encontrado cuarenta y tres objetos cerámicos y metálicos, correspondientes al ajuar funerario y al armamento de un guerrero. entre estos objetos se encuentran vasijas, un puñal, un cinturón, una punta de jabalina, una parrilla, pinzas para el fuego y, lo más llamativo, una pieza de bronce con figuras de caballo que podría corresponder a un báculo de autoridad. Sin haberla visto, supongo que será similar al báculo encontrado hace años en Numancia.

En Pintia se han encontrado, en 39 años de excavaciones, trescientas once tumbas, que se encuentran conservadas en el Centro de Estudios Federico Wattenberg, organismo que depende de la Universidad de Valladolid y que promueve los trabajos de índole arqueológica que se realizan en Pintia.

La campaña de excavaciones de este año empezó en junio y finalizará en agosto. Las piezas descubiertas ya se encuentran en el laboratorio preparadas para su estudio. Esperemos que, desde ahora hasta el final de la campaña aparezcan nuevos restos y que su investigación nos ayude a conocer y comprender mejor como vivieron los vacceos de los siglos IV a II a. C., los contemporáneos de nuestros queridos Aro, Coriaca, Vindula o Turaio.

Fuente: El Norte de Castilla, Agencia EFE.

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Finalistas de los VIII Premios Hislibris

Ya tenemos finalistas de los VIII Premios Hislibris de literatura histórica. Estos finalistas (excepto en las categorías de Hislibreño Honorífico y Labor Editorial) han sido elegidos por los usuarios de la web Hislibris.

Los finalistas en la categoría de Mejor Novela Histórica 2017 son:

  • El rey de Nemi. El juicio de Calígula, de Sandra Parente (Ediciones Evohé)
  • Godos: el principio del fin del Imperio Romano, de Pedro Santamaría (Pàmies)
  • Recordarán tu nombre, de Lorenzo Silva (Destino)
  • Bajo la estrella polar, de Steff Penney (HarperCollins)

Para mí, personalmente, es una alegría ver entre las obras finalistas la última de mi buen amigo Pedro Santamaría, Godos: el principio del fin del Imperio Romano. Desde aquí te deseo la mejor de las suertes, Pedro.

Podéis leer la entrada completa con el resto de los finalistas en todas las categorías haciendo click aquí.

Convocados los VIII Premios de Literatura Histórica Hislibris.

La web Hislibris, especializada en literatura histórica, publica hoy una entrada en la que incluye las Bases y Convocatoria de los VIII Premios de Literatura Histórica Hislibris.

Tras la ausencia de estos premios durante el pasado año 2017, la web vuelve con fuerza para entregarlos durante 2018. La novedad de las bases de este año es que serán los propios “hislibreños”, es decir, los usuarios registrados en la web (entre quienes tengo el honor de contarme) quienes propongan a los candidatos a ser premiados.

Las diferentes categorías son:

  • Mejor Novela Histórica 2017.
  • Mejor Ensayo Histórico 2017.
  • Mejor Autor Español 2017.
  • Mejor Autor Novel 2017.
  • Mejor Portada 2017.
  • Mejor Cómic Histórico 2017.
  • Mejor Labor Editorial 2017.
  • Categoría honorífica.

Recordemos que mi obra Aro, el guerrero lobo fue finalista en la categoría Mejor Novela Histórica 2015, y que un servidor lo fue en la categoría Mejor Autor Novel 2015 por la misma durante la anterior edición de los VII Premios Hislibris que se entregaron en 2016 en Santiago de Compostela.

Para que nos demos cuenta de la talla de estos premios, sólo basta mencionar a algunos de sus ganadores. Obras como La venganza del emperador (Gisbert Haefs) o El Cáliz de Melqart (Arturo Gonzalo Aizpiri), o autores como Santiago Posteguillo, Sebastián Roa o Pedro Santamaría han recibido alguna de las estatuillas (los entrañables Celedonios) que entrega Hislibris.

Podéis encontrar toda la información en esta entrada de Hislibris.

Desde aquí os animamos a participar en las propuestas y votaciones, y queremos desear mucha suerte para todos los participantes.

La sorprendente excavación de Rauda.

Según informa Cadena Ser, Radio Aranda, la campaña actual de excavaciones de este pasado verano en el yacimiento Rauda Vaccea (Roa, Burgos), ha desvelado material muy interesante en una pequeña extensión de 25 m².

Yacimiento de Rauda Vaccea (fuente: www.diariodelaribera.net)

Yacimiento de Rauda Vaccea (fuente: http://www.diariodelaribera.net)

Los arqueólogos han ampliado la excavación en la superficie de la primera cata en la llamada “Casa del Sótano”, sacando a la luz una nueva estructura cuyo uso aún se desconoce y que debió ser pasto de las llamas. Aún se debate si pudo ser vivienda, taller o almacén.

También se han encontrado enseres de época vaccea, huesos de animal que pueden pertenecer a algún sacrificio ritual vacceo, piezas de metal o canicas. Además se están analizando en laboratorio restos de sedimentos encontrados en el interior de recipientes, restos de semillas o polen que podrían proporcionar nuevos datos sobre la nutrición de los vacceos.

Está claro que el yacimiento burgalés todavía nos va a contar muchas cosas sobre los vacceos.

El thieldón, caballo de los vacceos.

Este es el artículo publicado en la revista XIII de la asociación ProCulTo (promoción de la Cultura en la Comarca de Toro), correspondiente al año 2017. Espero que os guste.

Los vacceos, habitantes de la cuenca media del Duero, han llegado hasta nuestros días como un pueblo dedicado fundamentalmente a la agricultura, y se ha hecho bien conocido su modelo de colectivismo agrario, sistema que sigue siendo objeto de debate por parte de los historiadores. Pero también se cuenta entre sus actividades económicas la ganadería. Y como ganaderos, los vacceos no sólo se dedicaron a la cría del ganado ovino o vacuno. También fueron capaces de domesticar una raza de caballos que con el tiempo se convertiría en una de las más apreciadas del mundo; no sabemos cómo llamaban los vacceos a sus caballos, lo que sabemos es que los romanos los denominarían thieldones.

Fíbula vaccea de oro con forma de cabezas de caballo. (Fuente: es.pinterest.com)

Fíbula vaccea de oro con forma de cabezas de caballo. (Fuente: es.pinterest.com)

Cuentan las fuentes antiguas que la caballería vaccea era apreciada por sus amigos y aliados, pero lo más relevante es que era famosa y temida por sus enemigos, no sólo por la ferocidad de sus guerreros a caballo, sino por la velocidad y resistencia de los propios animales. Y estos no eran unos caballos cualesquiera.

Las fuentes, y los estudiosos del tema, no se ponen de acuerdo en la procedencia de esta raza equina. Algunos opinan que ya poblaban el valle del Duero cuando los vacceos y otros pueblos llegaron aquí. Otros, sin embargo, afirman que acompañaron en el s. VIII a. C. a las oleadas de pueblos protoceltas que llegaron a la Meseta y el norte de la Península desde el centro de Europa. Con estos pueblos migrantes llegarían los thieldones y los asturcones, que se diferenciarían entre sí por el mayor tamaño de los primeros. Sea como fuere, los hombres que poblaron estos parajes consiguieron domesticar aquellos animales y les dieron múltiples usos.

El thieldón, según lo describen varios autores, era un caballo desgarbado, eumétrico (animal de volumen medio), de origen tarpánico, con una alzada de alrededor de las siete cuartas, de cabeza grande, perfil recto, cuello corto y recto, pecho estrecho, grupa tendiendo a la horizontalidad, con patas delgadas y con cascos mayores que los del caballo ibérico, que con frecuencia se presentaba calzado y cordón corrido. Su capa atabanada (oscura) presentaba pintas blancas en los ijares y en el cuello. Sin embargo, el rasgo más característico de este animal era su paso en ambladura, es decir, movían al mismo tiempo la mano y el pie del mismo lado, lo que provocaba un suave balanceo similar al del dromedario. Como en otros temas, los autores discrepan sobre si este paso era natural de los thieldones o eran sus dueños quienes les enseñaban a moverse de esa forma, como afirman Vegecio y Varrón. Estrabón dice de ellos:

«…particularidad de Iberia es que los caballos de los celtíberos, que son moteados, cambien de color cuando se trasladan a la Iberia exterior; dicen que se parecen a los caballos partos pues son veloces y mejores corredores que los demás» (Estrabón 3, 4, 15).

Por tanto, otra de sus características sobresalientes, que los hizo famosos y codiciados entre todos los pueblos de la Península primero, y después, entre los romanos y cartagineses, era su velocidad.

Se supone que el nombre “thieldón” lo pusieron los romanos, puesto que este término, junto con tieldo, fieldo y celdo, aparece en los Códices de Plinio. Se trataba de una palabra que procede de los vocablos “thieldo”, “thialt”, “zelde”, “telt”, “tölt”, “thielco”, en correspondencia con su paso característico. Por tanto, sería su forma de andar la que les otorgó el nombre.

Como en todas las sociedades de la Edad del Hierro, el caballo thieldón se convirtió para los vacceos en símbolo de poder y riqueza, pues sus dueños eran, por supuesto, los jefes guerreros que lideraban a su pueblo en el combate. Su mantenimiento era costoso y no estaba al alcance de cualquiera, por lo que sólo podían permitirse montar un thieldón los miembros de la aristocracia guerrera. Esto ocurriría entre los siglos VI y IV a. C. En esta época, el intercambio de caballos era utilizado por los círculos de poder para estrechar lazos y cerrar alianzas y acuerdos, al igual que otras prácticas comunes en aquel tiempo, como el intercambio de panoplias, mujeres u objetos de valor.

Pero a partir del s. III a. C., con el surgimiento y crecimiento de los oppida y civitates vacceos, que controlaban grandes extensiones de terreno a su alrededor, el thieldón tuvo un uso más social, ya que la necesidad de controlar el territorio y la evolución de las técnicas agrícolas y ganaderas, obligó a los aristócratas guerreros a distribuir los caballos entre los hombres que los acompañaban al combate y llevaban a cabo dichas labores, lo que condujo a la aparición de la caballería, en su sentido más social, como unidad guerrera: el conjunto de hombres que empuñan armas y montan a caballo para defender, representar y sostener a su comunidad. Esto se vio favorecido por el aumento de la cabaña equina y las mejoras en las técnicas de adiestramiento de los thieldones.

El más conocido de los usos que se dio a los thieldones fue el militar. Varios autores citan, en numerosos momentos de la historia de la romanización, la presencia de los temibles jinetes vacceos y de sus poderosas y veloces monturas. Los animales eran entrenados por sus dueños para obedecer a las órdenes que se les daban no sólo con la voz y las riendas, sino también con los muslos y las rodillas. Hay que tener en cuenta que, en el momento del combate, un jinete armado con escudo y lanza no podría utilizar las manos para sujetar las riendas de su caballo. También se dice que se les enseñaba a subir pendientes escarpadas y a arrodillarse en el suelo bajo sus jinetes y levantarse rápidamente a una orden de éstos, con el fin de que los thieldones pudieran ejecutar esta maniobra en caso de que los guerreros se ocultasen para tender una emboscada al enemigo.

Las primeras noticias de las fuentes clásicas sobre los jinetes vacceos las tenemos en la incursión de Aníbal contra las ciudades vacceas de Helmántica y Albocela en el año 220 a. C., tras la que el general cartaginés decide llevarse consigo nada menos de doce mil jinetes vacceos para engrosar su ejército. La caballería vaccea se encontraba también entre la coalición de guerreros que atacaron al ejército cartaginés mientras vadeaba el Tajo en su regreso a la costa mediterránea tras esa expedición. También sabemos que los caucenses y los intercatienses, entre otras cosas, tuvieron que entregar su caballería al pretor Lucio Licinio Lúculo en 151 a. C. También Quinto Sertorio reclama de las ciudades vacceas una buena cantidad de caballos para enfrentarse a Cneo Pompeyo.

Una noticia curiosa que relata Silio Itálico es que entre los muchos juegos que se celebraron cuando Publio Cornelio Escipión regresó a Hispania tras vencer a Cartago en la Segunda Guerra Púnica, hubo una carrera de caballos, en la que venció un caballo thieldón de nombre Lampón. También cuenta que uno de los premios más cotizados en las carreras celebradas en Roma fue un tronco de caballos thieldones.

La caballería vaccea también consiguió alguna victoria sonada sobre Roma. La primera vez fue en el año 151 a. C. cuando Lúculo, tras atacar Cauca, Intercatia y Pallantia, fue perseguido por la caballería vaccea hasta cruzar al sur del Duero. Volvió a ocurrir en 134 a. C., cuando el prestigioso Publio Cornelio Escipión Emiliano, destructor de Cartago, se había internado en territorio vacceo con el doble fin de abastecerse del grano que poseían los vacceos y de privar de él a los numantinos, a quienes se disponía a sitiar. Cuando el ejército romano se encontraba en una llanura llamada Coplanio, situada en las cercanías de Pallantia, la caballería vaccea atacó a las legiones, cayendo sobre el flanco comandado por Rutilio Rufo, cronista de la expedición, que se vio sorprendido y sufrió muchas bajas. Escipión, que tuvo que acudir en su ayuda, al no poder rechazar las constantes cargas de la caballería vaccea, ordenó a su ejército que vadeara el Pisuerga y se dirigiese hacia el sur para escapar de los jinetes, que lo persiguieron y hostigaron hasta que consiguió vadear el Duero en Septimanca, causándole numerosas bajas.

Finalmente, en 72 a. C., la mayor parte de los jinetes vacceos de las ciudades situadas al sur del Duero, y con ellos sus caballos thieldones, pasarán a formar parte de las tropas auxiliares de las legiones romanas. Algunos de ellos huyeron hacia el norte, hacia las tierras de astures, cántabros o vascones, donde serían cruzados con otras razas de caballos.

Pero los vacceos no sólo utilizaron a los thieldones para hacer la guerra. Además de ser veloz, se trataba de un animal muy resistente, apto para el tiro, la carga o la guerra, por lo que lo prefirieron antes que el pequeño asturcón, que fue siendo desplazado paulatinamente hacia las montañas. Así, los vigorosos caballos thieldones fueron muy útiles como animales de labranza, de transporte o de tiro, más veloces que los bueyes.

También eran utilizados para la caza, el pastoreo (aunque no hay pruebas concluyentes, la mayor parte de los autores está de acuerdo en que los vacceos practicaban la trasterminancia más que la trashumancia), sacrificados como ofrendas a Epona, diosa de los caballos. Y su carne fue utilizada como alimento en diversas ocasiones, como en el sitio de Numancia.

Era tan importante este animal para los vacceos, que son numerosas las representaciones que se han encontrado en cerámicas policromadas, asas de tapa con forma de caballo, cajas zoomorfas de aspecto equino, simpula (pequeños cazos) de barro con mango rematado en forma de cabeza de caballo, fíbulas con forma equina o de cabeza de caballo, estelas mostrando guerreros montados, exvotos con forma de cabeza de caballo (en el castro vacceo de Tariego), báculos coronados por piezas en forma de caballo, anillos y otras joyas.

En el año 2002 se descubrió un enterramiento vacceo en la necrópolis de Las Ruedas (yacimiento arqueológico de Pintia), en el que, junto a los restos del difunto y al ajuar habitual de este tipo de tumbas (vasos con restos de animales domésticos, como cabras u ovejas, o recipientes destinados a comer y a beber), se han encontrado restos de arreos de caballo, como bocados, frontaleras, o bridas, todos ellos de hierro. Es evidente que se trata del enterramiento de un guerrero de la élite ecuestre vaccea, lo cual resalta aún más la importancia que tenía el caballo para la sociedad vaccea, y nos lleva a preguntarnos si los vacceos creerían que el guerrero fallecido contaría en el Más Allá con una nueva montura, por supuesto, un thieldón, que le acompañaría en nuevas hazañas ultraterrenas.

Augusto Rodríguez de la Rúa

Galapagar (Madrid), 14 de mayo de 2017.

BIBLIOGRAFÍA:

Blanco Ordás, Restituto. La trayectoria del caballo vacceo. PITTM 73, Palencia, 2002, pp. 317-334.

Fernández Domingo, Jesús Ignacio. El caballo y el Derecho Civil. Reus, 2009

Romero Carnicero, Fernando y Sanz Mínguez, Carlos (editores). De la Región Vaccea a la Arqueología Vaccea. Valladolid, 2010.

Sanz Mínguez, Carlos; Gallardo Miguel, María Ascensión; Velasco Vázquez, Javier y Centeno Cea, Inés. La tumba 75 de Las Ruedas, primer testimonio arqueológico de la élite ecuestre vaccea.

Sánchez-Moreno, Eduardo. Caballo y sociedad en la Hispania céltica: del poder aristocrático a la comunidad política.

Sánchez-Moreno, Eduardo. El caballo entre los pueblos prerromanos de la Meseta Occidental.

El rostro real de Cleopatra VII.

La web Realm of History nos trae la reconstrucción tridimensional que ha realizado Timelapse Animations del rostro de la famosa Cleopatra VII Philopator, reina de Egipto, esposa y hermana de Ptolomeo XIII Philopator, amante de Cayo Julio César y Marco Antonio.

Se trata de una reconstrucción tridimensional basada en las numerosas monedas y en las esculturas que han llegado a nosotros, y alejada de la imagen que el cine (Claudette Colbert, Liz Taylor o Mónica Bellucci) o la pintura han querido darle. Tal vez su legendario atractivo no estuviera tanto en su físico como en su educación y cultura, o el derivado de su poder o su importancia política.

Para leer el artículo sobre la reconstrucción del rostro de Cleopatra, que incluye vídeos sobre el proceso, podéis pinchar aquí.

Recomendación en el blog “La Reina Lectora”.

El magnífico blog literario (y mucho más) La Reina Lectora se ha acordado de incluir a Aro, el guerrero lobo entre las recomendaciones literarias para estas fiestas navideñas que están a punto de llegar.

Me produce una gran satisfacción el que, casi dos años después de que se publicara la novela, Aro, el guerrero lobo siga siendo tenido en cuenta en blogs literarios como una novela histórica cuya lectura se puede recomendar. Me alegro de que siga habiendo gente que sabe apreciar una obra bien documentada.

Podéis encontrar la recomendación de Aro y todas las demás que hace La Reina Lectora haciendo click aquí.

También quiero dar las gracias a Eva, administradora del blog, que se haya acordado de mi obra para incluirla en sus recomendaciones.