Los romanos II: La política.

Los organismos que regían la vida política de la República a finales del s. III a. C. y primera mitad del s. II a. C. eran:

  1. El Senado: Como su nombre indica, fue originariamente la asamblea de ancianos de Roma. En sus orígenes sólo estaba formado por patricios, procedentes de las familias más ilustres (los patres), pero posteriormente fueron admitidos plebeyos (los conscripti). En esta época, estaba formado por 300 miembros. El Senado controlaba el erario público, la administración y la política exterior de la República.
  1. Los magistrados: Dirigían los ejércitos y el gobierno civil. La carrera política o cursus honorum constaba de varias magistraturas, divididas en mayores (magistrados elegidos por los comitia centuriata) y menores (elegidos por los comitia tributa). En 190 a. C. se estableció que había que recorrer todas las magistraturas anteriores para llegar a ser cónsul, y que debía existir un tiempo de inactividad entre el ejercicio de cada magistratura.

Las magistraturas mayores eran:

  • Cónsules: Era un cargo con imperium, anual y colegiado. Los comitia centuriata elegían dos cónsules cada año. Ejercían el gobierno de la República, convocaban al Senado y a los comitia, administraban justicia y consultaban a los dioses. Cada uno de ellos tenía derecho de veto sobre las decisiones del otro cónsul. Al principio, los dos cónsules eran patricios; más tarde, en el s. IV a. C., se determinó que al menos uno de ellos fuera plebeyo. Todo aquel que había sido cónsul se convertía en consular. Generalmente entraban a formar parte del Senado.
  • Praetores: Eran ocho, elegidos anualmente. También tenían imperium. No todos los praetores tenían las mismas funciones, y estas eran sorteadas. Se encargaban de la administración de justicia, presidiendo los tribunales y llevando a cabo otras funciones judiciales. También ejercía las funciones del cónsul cuando este estaba ausente. En la ciudad de Roma había dos: el urbanus, que se encargaba de los asuntos entre ciudadanos romanos, y el peregrinus, que intervenía en los conflictos entre ciudadanos y no ciudadanos.
  • Censores: Eran elegidos cada cinco años. Tenían a su cargo la relación de ciudadanos romanos y sus bienes, nombraban a los senadores y velaban por la moral. Esta magistratura era la cumbre del cursus honorum.

También existían magistraturas extraordinarias:

  • Procónsules y propraetores: eran magistrados (cónsules o praetores) a los que se les prorrogaba el mandato hasta que llevasen a cabo la misión que se les había encomendado.
  • Dictador: Era una magistratura a la que sólo se recurría en situaciones extraordinarias, como guerras. Era elegido por un cónsul, poseía imperium, asumía todos los poderes y su mandato duraba seis meses, transcurridos los cuales debía devolver el poder a la República. tenía la potestad de nombrar a un magister equitum o comandante de caballería, que era su lugarteniente.

El imperium era la facultad de poseer el mando y el poder militar sobre el ejército y el dominio sobre los territorios conquistados. El imperium se simbolizaba mediante una escolta de lictores (funcionarios de la República) que portaban los fasces (haces de 30 varas de abedul atadas de manera ritual por una cinta de cuero rojo formando un cilindro). Fuera del pomerium, se insertaba un hacha en los fasces, simbolizando que el magistrado tenía poder de ejecutar a un reo; dentro del recinto sagrado, los fasces no llevaban hacha, pues el magistrado no podía ejecutar a un ciudadano. El praetor iba escoltado por 6 lictores, el cónsul por 12 y el dictador por 24 fuera del pomerium y 12 dentro de él.

En la imagen del gran Angus McBride vemos a un general romano precedido por dos de sus lictores.

General romano
General romano con dos lictores (Angus McBride).

Las magistraturas menores, que no tenían imperium, eran:

  • Ediles: Se encargaban del mantenimiento de la ciudad y de su abastecimiento, cuidaban del orden público, eran encargados de organizar fiestas y juegos, y vigilar el orden y resolver los conflictos que pudieran surgir en los mercados.
  • Quaestores: Se encargaban de administrar las cuentas del Erario público (quaestores civiles) y las arcas del ejército (quaestores militares).
  • Tribunos de la plebe: Defendían los intereses de la plebe ante los patricios y el Senado.
  1. Las asambleas: en ellas se reunían los ciudadanos romanos para ejercer su derecho al voto de manera directa. Las más importantes eran:
  • Comicios curiados (comitia curiata): Incluían a las tres tribus más antiguas de Roma, que tenían diez curias de diez hombres cada una; en total 300 hombres. Se limitaban a confirmar e inaugurar las elecciones de los comitia centuriata.
  • Comicios centuriados (comitia centuriata): Incluía a patricios y plebeyos organizados por clases económicas y divididos en centurias. Elegían cada año a cónsules y praetores, y cada cinco años a los censores, decidían sobre la guerra y la paz y legislaban. El voto no era individual; se contaba dentro de la centuria y determinaba el voto de cada centuria. Había 308 centurias.
  • Comicios por tribus (comitia tributa): Incluía a los ciudadanos reunidos por tribus. Elegían a los magistrados menores. Votaban todos los ciudadanos romanos libres nacidos libres, excepto en el caso de los tribunos de la plebe, en el que sólo los plebeyos podían participar en la elección. El voto se contaba dentro de cada tribu, por lo que sólo había un voto por tribu. Había 4 tribus urbanas y 31 rurales. Juzgaban los delitos penados con multa. Votaban la mayor parte de las leyes, que después eran ratificadas por el Senado. Eran convocados y dirigidos por los ediles y tribunos de la plebe.

Los romanos I: La República.

La Roma de la Segunda Guerra Púnica -finales del s. III a. C. a principios del s. II a. C.- no era la ciudad cuya grandeza se ha transmitido hasta nuestros días. Ni siquiera era la Roma de César y mucho menos la de Augusto. No existían aún el Coliseo, el Foro de César, el de Augusto, el Ara Pacis… Roma era una potencia emergente que mantenía cierta hegemonía en Italia gracias a una red de alianzas con los otros pueblos italianos. Por supuesto, el territorio de la República no era, ni mucho menos, el que llegaría a dominar siglos más tarde con el Imperio. En aquel momento, debido a la guerra contra Cartago y, sobre todo, a la presencia de Aníbal Barca y su ejército en Italia, Roma apenas controlaba la Italia central y del sur, Corsica (Córcega), Sardinia (Cerdeña), parte de Sicilia, parte de la costa del sur de la Galia y, en la Península Ibérica, había tenido que retirarse al norte del río Iber (Ebro).

El Mediterraneo Occidental en 210 a. C.
El Mediterráneo Occidental en el año 210 a. C.

Cómo no, el centro de esta emergente República era Roma. La ciudad de Roma apenas había sobrepasado aún la antigua muralla Serviana, que había mandado construir el rey Servio Tulio en el s. VI a. C. Incluso el Campo de Marte, en el exterior de las murallas, estaba excluido en esa época del recinto de la ciudad. También lo estaban el Aventino, el Capitolino y el Arx (la ciudadela). La leyenda decía que el mismo Servio Tulio había creado el pomerium, el recinto sagrado de Roma, aunque no es probable, ya que esta frontera sagrada no seguía exactamente la línea de la muralla; no podía traspasar esta línea -de color rojo en el plano adjunto- nadie que estuviera armado. Los magistrados con imperium no podían condenar a muerte a ningún ciudadano dentro del recinto sagrado, aunque sí ordenar que fuese azotado. Incluso el templo de Bellona, la diosa original de la guerra para los romanos, se encontraba fuera del pomerium, y el Senado se reunía allí para hablar de guerra. Hasta las legiones que desfilaban en triunfo por las calles de la ciudad estaban obligadas a dejar sus armas fuera del recinto, en el Campo de Marte, donde solían acampar la noche anterior a dicho evento.

Así era en el año 210 a. C., aproximadamente, la ciudad que se enfrentaba a su enemigo irreconciliable, Cartago, por segunda vez en menos de cincuenta años.

Roma
Plano de Roma.

Ha muerto Colleen McCullough.

Hoy nos ha dejado, a los 77 años, la gran autora australiana Colleen McCullough.

Es una de mis autoras de referencia desde que descubrí su serie sobre el final de la República de Roma: El primer hombre de Roma, La corona de hierba, Favoritos de la Fortuna, Las mujeres de César, César, El Caballo de César y Antonio y Cleopatra. Personajes tan importantes en la Historia como Cayo Mario, Lucio Cornelio Sila o Cayo Julio César cobraron vida en la páginas de sus impresionantes obras.

No era historiadora, pero en este ciclo demostró su profundo conocimiento sobre la Historia de la Roma republicana. Fue capaz de describir desde el sitio de Alesia hasta la forma de votar de los comicios centuriados, describiendo la vida de los romanos de forma tan pormenorizada que el lector podría sentir que estaba reclinado en un triclinium junto al peligroso Sila o recorriendo los oscuros callejones del barrio de la Subura en compañía de César.

Tras leer todos estos volúmenes, cayó en mis manos La canción de Troya, la versión de la Ilíada con la que nos deleitó la australiana.

Para el gran público, sin embargo, siempre será la autora de El pájaro espino, novela en la que se basó la famosa serie protagonizada por Richard Chamberlain, Rachel Ward y Barbara Stanwyck.

Hoy nos ha dejado una grande de la literatura. Seguro que se dejó una buena cantidad de historias en el tintero. Y seguro que esta noche ha cenado en la ilustre compañía de César, Mario y Sila.

Como dirían los latinos, Sit tibi terra levis, magistra.